I-Ching: El Libro que Habla

por Osvaldo Loisi

23-7-2017

Resulta sin duda bastante extraño que un libro escrito hace nada menos que cinco mil años, perteneciente a una cultura totalmente diferente de la nuestra, adquiera día a día mayor vigencia entre nosotros. Desde los años cincuenta, sobre todo en Estados Unidos y Europa, gran cantidad de intelectuales y hombres de negocios, amas de casa y estudiantes, artistas y empleados, acuden al I-Ching en busca de consejo frente a determinados problemas de difícil solución.

La primera cuestión que debemos plantearnos es la siguiente: ¿Es bueno inducir a la gente a acudir a un viejo oráculo cuando se encuentra ante cualquier problema de difícil solución? Por supuesto que no. No se trata en absoluto de tamaña ingenuidad. I-Ching "funciona", por así decirlo, cuando la lógica o el sentido común se dan por vencidos. En aquellos momentos en que, frente a un problema grave, parece que se nos cierran de pronto todas las puertas.

Dicho en otras palabras: si luego de examinar y analizar cualquier problema, concluímos en que el mismo no admite ninguna solución posible, que está todo perdido o que el único camino que nos queda es la desesperanza, debemos saber que generalmente estamos equivocados. I-Ching nos dice que podemos superar muchos problemas apelando a la vía del crecimiento interior. Porque siendo más concientes podemos conocer más de la realidad. Nuestra conciencia, aunque solemos representárnosla como si fuese algo semejante a un foco luminoso, se asemeja en verdad más a un verdadero "músculo interior" capaz de crecer y desarrollarse.

Esa posición equivale a proclamar a los cuatro vientos que la realidad natural, toda realidad, en el más amplio sentido de la palabra, siempre "es más" que cualquier idea que nos podamos hacer de ella. O, lo que es lo mismo, que de cualquier realidad que tenemos delante, sólo percibimos una parte de ella. Que existen porciones que, como la parte hundida de un iceberg o la raíz de una planta, permanecen ocultas. Que cuando decimos que un problema no tiene solución, sólo debemos entender que la cosa es así partiendo de la base de lo que vemos. Siempre existen en la realidad más caminos, más medios de los que podemos suponer. Sin duda algo similar a lo que decía Korzybsky: "no debemos confundir el territorio, con el mapa que simplemente lo describe". Obviamente, el territorio es más que el mapa. A ello también se refiere la sabiduría popular cuando acuña ciertos refranes tales como "Dios aprieta pero no ahoga" o "cuando se cierra una puerta se abre una ventana", etc. La vida tiene leyes y razones más allá de nuestro pensamiento y más allá de nuestras razones, existen las razones de las cosas.

La experiencia con el oráculo de I-Ching, digámoslo abiertamente, nos brinda los medios para ese crecimiento de conciencia. No estamos frente a una bola de cristal, sino frente a un instrumento al servicio de nuestra vida interior. Capaz de hacernos percibir las porciones ocultas de toda realidad, incluída, claro está, la realidad de nuestros problemas existenciales.

Pero ¿qué es, concretamente, I-Ching? Es un antiguo libro de sabiduría chino, al que se accede, no como cualquier texto, es decir, no leyéndolo linealmente, de cabo a rabo, sino "consultándolo" apelando al azar mediante determinadas reglas.       

La palabra "oráculo", deriva de la latina "orare" -de donde proviene también "oración"- y significa "hablar". Una de las definiciones que nosotros hemos ensayado de ese libro es, precisamente, "el libro que habla", porque posee la rara particularidad de recibir preguntas y emitir respuestas. Aunque resulte a primera vista inverosímil, podemos mantener un diálogo con él. Se comporta como un sujeto que contesta.

Para los racionalistas a ultranza, digamos que podemos imaginarlo como un escalón más en la evolución de la mente humana. Ni más ni menos que dejar de concebir al inconsciente psicoanalítico como un viejo desván, para tratar con él como el verdadero "Maestro Interior" que es.

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