¿Vuelve el Shusheta?

por Osvaldo Loisi

23-7-2017

Quisiera mencionar un fenómeno que sin duda debiera llamar la atención de lingüistas y profesores de Castellano y es el siguiente: en el habla de las personas menores de veinticinco años, al menos en Buenos Aires y su zona de influencia, sin intervención alguna de academias y sin que nos hayamos siquiera dado cuenta, ha muerto una letra del alfabeto castellano. Me refiero a la desaparición del sonido de la letra "ye".

No hay que ser demasiado perspicaz para darse cuenta que hoy la gente joven ya no dice "yo", ni "yema", ni "Yolanda" ni "Yapeyú", sino "sho", "shema", "Sholanda" y "Shapeshú". Es una particularidad bastante curiosa y a la vez muy llamativa, teniendo en cuenta que los porteños acostumbramos, además pronunciar como "ye" la que era hasta hace poco letra "ll". Pida el lector a cualquier adolescente, por ejemplo, que diga en voz alta "yo llevo mi caballo por la calle" y lo comprobará. Escuchará algo así como "sho shevo mi cabasho por la cashe".

Si le pedimos que pronuncie la ye como lo hacen sus padres y abuelos, notaremos que además le resulta físicamente dificultoso articular el sonido correcto.

Señalo la cuestión no para criticar el fenómeno, pues el nacimiento espontáneo de nuevas maneras de hablar merece, como la vida misma, el mayor de los respetos. Sólo quisiera conjeturar que precisamente hoy, cuando estamos siendo permanentemente invadidas por tonadas y términos ajenos a los nuestros, producto del doblaje televisivo; hoy, cuando parece que a nadie le importa conservar el modo de hablar de nuestros padres porteños, surge, de pronto, inexplicablemente, de no se sabe qué recóndita dimensión del alma  colectiva, antiguas resonancias fonéticas que parecen evocar a "shushetas" y orilleros.

Tal vez sea una prueba de que el alma colectiva existe. Que ante la indiferencia de tanta legión de funcionarios dedicados a la preservación de eso que llaman vagamente "cultura", la propia colectividad reacciona por las suyas, resucitando modos de hablar que creíamos definitivamente idos.

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