Los Secretos del I-Ching (II)

por Osvaldo Loisi

21-7-2017

-"¿Hay alguna posibilidad de cambiar mi suerte?" preguntó un día M.S., mujer de unos cuarenta años, ama de casa y traductora de Inglés. Muchas personas se hacen esta pregunta a diario. Otras lo desean aunque no se atreven a formulársela porque parece un tanto irracional. ¿Será así realmente?

-"Ultimamente, me levanto por la mañana, me hago un plan de actividades como siempre lo hice y compruebo, desolada, que gran parte de lo que planeo resulta frustrarse por mil impedimentos. Siempre, de un tiempo a esta parte, cuando parece que voy logrando lo que quiero, aparece algo que lo echa todo a perder. Sin duda estoy pasando por una mala racha. Quisiera saber qué me aconseja el oráculo, si es que tiene algún consejo para mí, para salir de ella."

Alguien dijo que al ser humano no le pasan las cosas que merece o no merece sino, en verdad, aquellas cosas que, de alguna manera, por semejanza o por contraste, se le parecen. Es decir que al triste le pasan cosas tristas y al alegre suelen ocurrirle cosas que justifican su alegría. Esto es en gran medida cierto. Basta con cambiar de actitud interior para que inmediatamente terminen las "rachas" de cosas malas. El problema está en que generalmente nos aferramos demasiado a las posiciones adoptadas y nos cuesta salir de ellas para adaptarlas a la vida. 

Hicimos la consulta y el oráculo señaló el hexagrama Nro. 10, llamado en chino "Lü", cuya traducción castellana aproximada sería "El Porte" y también "La Pisada". Este signo, consagrado al andar con soltura por el mundo, nos cuenta la historia de un hombre que inadvertidamente le pisa la cola a un tigre y el tigre lo muerde. Más adelante, habiendo aprendido a andar con propiedad, respetando las leyes naturales, se anima a pisarlo nuevamente y la fiera, en este caso, no lo muerde.

I-Ching estaba advirtiendo en primer lugar, que había algo en la conducta de M.S. que no respetaba o violentaba, en algún sentido, la realidad natural, simbolizada en la figura del tigre. La sabiduría popular, que siempre se manifiesta muy aguda en dichos y refranes, suele aludir a quien tiene mala suerte diciendo que "tiene el paso cambiado". Además, es obvio para quien sabe observar, que existe una relación bastante directa entre la seguridad de nuestra conducta frente al mundo y la seguridad de nuestro paso al andar. Por algo se dice también de quien ostenta cierta autoridad, que "pisa fuerte".

En el transcurso del análisis de la respuesta, M.S. descubrió por sí misma, qué cambios en su actitud interior debería efectuar para provocar a su vez un cambio en el curso de su suerte. La actitud interior es nada menos que la aptitud para recibir y albergar el futuro. Es la capacidad para contener, para vivir efectivamente todo aquello que va a pasarnos. El agua que recibimos, siempre adoptará la forma del vaso que tenemos.    

La gran importancia que este oráculo milenario posee para la problemática humana, radica en que mediante los apilamientos de líneas yang y yin (enteras y partidas), llamados "hexagramas", se logra graficar nuestras actitudes interiores. Ello permite visualizar y, de ese modo, en alguna medida, prever sus cambios posibles.

Es conocida la frase de Hermann Hesse: "I Ching es capaz de cambiar una vida". Ello resulta absolutamente cierto. Todos los días constatamos quienes nos dedicamos a su estudio, que la práctica oracular provoca en el consultante cambios fundamentales. Y no sólo en su personalidad, sino aún en el curso de las cosas azarosas que le pasan.

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